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Una ciudad de cuento: Tallin

Es una ciudad salida de un cuento de hadas, su casco histórico esta increíblemente conservado y es toda una delicia recorrerla.

Tallin es la capital de Estonia, un pequeño país en el norte de Europa, mas precisamente ubicado frente a Finlandia y limita con Rusia y Letonia. Su idioma es el estonio, el cual tiene muchas similitudes con el finlandés pero la lengua extranjera más usada es el Ruso.

Me encontré con esta maravilla de ciudad gracias a los cruceros, es un destino que muchos no lo incorporan en sus listas pero vale la pena. Cuando llegábamos con el barco podíamos apreciar desde lejos la ciudad, me generó una gran impresión, me sentía ingresando en un mundo de película, todo parecía puesto en escena perfectamente pensado.

 

Al bajar uno se encuentra con los alrededores de la ciudad vieja, son casas y edificios modernos que no llaman mucho la atención, es una ciudad bien constituida pero obviamente cuando uno la visita busca la magia de la historia que se conecta con el casco antiguo.

El recorrido por el casco se hace a pie, uno puede crear su propio recorrido o en mi caso lo hice con un guía que me ayudó a comprender más sobre este hermoso lugar.
Hay mucho para ver y recorrer, desde fortificaciones hasta iglesias ortodoxas, un ayuntamiento y el mercado. El recorrido lo comenzamos en la parte alta de la ciudad donde está la antigua fortificación, allí se encuentra la catedral de Alexander Nevsky un excelente ejemplo de arquitectura rusa, es un centro de culto que se puede ingresar siempre y cuando se respete. En el descenso caminamos por pequeños pasajes en la que encontramos no solo mucho color sino también mucha personalidad, cada casa tiene su impronta y eso es lo que hace a que te sorprendas constantemente. En un momento de descanso nos detuvimos en el punto panorámico de Piiskopi, no solo van a tener una de las mejores vistas de la ciudad sino que hay muchos artesanos que venden recuerdos de la ciudad muy bien elaborados.

 

Normalmente la caminata termina en la plaza principal denominada Raekoja Plata, es un espacio todo de cemento donde se instalan mercados ambulantes y cafés convirtiéndose así en el corazón de la ciudad, además, vimos el edificio principal de la ciudad, el ayuntamiento. Este edificio de estilo gótico hoy está en desuso, es un museo y se permite la entrada a visitante para que conozcan un poco más de su historia.

Una de las paradas que hice fue en un café en la plaza principal, allí uno puede detenerse a descansar y admirar no solo el paisaje sino a su gente, turistas y citadinos interactuando y conviviendo es fantástico. Un consejo aprendan algunas palabras en ruso así no tienen el mismo inconveniente al pedir algo, la gran mayoría de ellos no manejan idiomas por eso es difícil.
Tallin verdaderamente me sorprendió, hay mucho por ver y disfrutar en esta hermosa ciudad.